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Una diócesis propia para un país independiente (VII). Ratificación del Estado costarricense: el manejo de la diócesis por parte de la élite gobernante.

Una vez erigida la diócesis, el Estado de Costa Rica, pero más aún la élite gobernante del país manejó la sede catedralicia desde sus intereses, estrechamente ligados a factores económicos, políticos y sociales. En medio del proceso de consolidación de la independencia, así como en el de la construcción de Estado, los gobernantes de Costa Rica buscaron los medios para dejar clara su soberanía. La creación de la Diócesis fue la oportunidad perfecta, para demostrar -entre otros aspectos-, su crecimiento económico. En una información enviada por el Ministro Plenipotenciario en Europa, Felipe Molina, a la Santa Sede se evidenció este crecimiento, el cual, se debió a la producción de caña de azúcar, tabaco y, en particular, de café, que para la década de 1850, ya era exportado a los mercados estadounidense y europeo y era el principal producto que unía a Costa Rica con el mercado mundial.


El envío de esta información fue una buena estrategia, pues Roma siempre buscó garantizar que el territorio donde se erigiera una diócesis tuviera la población y el dinero necesario para el buen vivir del prelado y el funcionamiento adecuado de la Catedral y todo lo demás que demandaba tener una diócesis. Por ejemplo, se debía garantizar que los actos religiosos, el principal motivo de fe de los creyentes, se realizaran con decoro. Era claro que quienes ostentaron el poder en Costa Rica querían demostrarle a Roma la independencia del país en aspectos como el económico, asimismo, era imprescindible eliminar la dependencia del episcopado con sede en León, Nicaragua, para no enviar más dinero al territorio vecino en momentos en que se necesitaba fortalecer la hacienda pública.


Tanto Braulio Carrillo, como los gobiernos predecesores y sucesores a él, vieron en el flujo de contante que se movía de Costa Rica a Nicaragua, por concepto de diezmos, como un verdadero obstáculo en su proyecto de consolidación de la hacienda y de un mercado interno. Escollo que podría resonar en el freno de la economía y en el flujo e intercambio, por la ausencia de metálico en el naciente Estado costarricense, situación que ocasionaría una merma en su plan de establecer -de manera perenne- la unión al mercado externo. Aspectos que empatan a la perfección con la teoría propuesta por Oscar Oszlak, quien aseguró que, la base material de la nación comenzó a conformarse con el surgimiento de oportunidades para la incorporación de las economías locales al sistema económico mundial, aunado al consecuente desarrollo de intereses diferenciados que se generan por estas oportunidades.


Desde el punto de vista político, para los gobernantes de Costa Rica la creación de la diócesis era una estrategia útil para ratificar el poder autónomo y soberano que tenían sobre el territorio considerado como suyo. Una muestra de ello se encuentra en la documentación presentada por el Ministro Molina, además del citado crecimiento económico, demostraba el poder y la injerencia que el gobierno central tenía sobre sus gobiernos locales. Puesto que la información llevada a la Santa Sede reunía datos de las provincias de Heredia, Alajuela, Cartago, San José, y con principal regodeo, de la provincia de Guanacaste, la cual, según algunos eclesiásticos residentes en Nicaragua, no era del todo de Costa Rica. De modo que, una vez creada la diócesis, el Estado costarricense contó con la validez que concedía Roma a la delimitación territorial, pues la Diócesis de Costa Rica tendría los mismos límites que el país.


En ese sentido, se refleja el manejo que la élite gobernante le dio a la diócesis y a la jerarquía de la Iglesia católica desde su erección, contribuyeron con el Estado en la misión de delimitar y controlar el espacio geográfico, al demarcar el territorio considerado como costarricense. Al mismo tiempo que se ratificó que todos los habitantes del territorio -enunciado por la Santa Sede- fueran considerados como parte de esta nación. Uno de los elementos más significativos en el proceso de conformación del Estado costarricense como ente jurídico, fue la declaratoria de los límites, con ello quedaba claro, tanto para la nación nicaragüense como para la diócesis de León en Nicaragua, el lindero de su jurisprudencia. Fue relevante para Costa Rica, porque, si bien, no resuelve de forma definitiva los conflictos por territorio existentes entre ambos gobiernos, existió un respaldo de Roma a la República de Costa Rica en lo concerniente a su jurisdicción y el margen de acción a la hora de reclamar su territorio.


La postura de la Santa Sede sobre los límites fue clara: 1) reconocer los límites planteados, 2) los reconocidos internacionalmente y 3) por la Constitución Política de Costa Rica. Para lo cual, indicó que, en caso de existir un cambio en los límites territoriales, incidirían en los límites de las diócesis, y así fue. El 15 de abril de 1888, sancionado en el Laudo Cleveland [1], se ratificó el tratado Cañas-Jerez entre Costa Rica y Nicaragua, en el cual se modificó el límite norte [2]; esta permuta también generó un cambió en el límite eclesial de las diócesis de San José y de León, Nicaragua. Por esta razón, se debe afirmar que, la delimitación territorial de la diócesis dio un argumento más a Costa Rica para defender sus derechos sobre Guanacaste, pues el reconocimiento de Roma fue un aspecto que el gobierno costarricense utilizó para hacer efectivo los reclamos de su territorio. 


En síntesis, los gobernantes de Costa Rica buscaron los medios para dejar clara su independencia y soberanía. Vieron la utilidad que podía tener una diócesis en la Nación, porque era una muestra para Roma de que tenían dinero suficiente para mantener un obispo y todo lo que ello significaba. Pero más aún, tener un obispo nombrado por la Santa Sede - sobre todo si era un costarricense-, fue la afirmación de su total libertad no solo de la élite leonense, también de cualquier potencia europea, en particular de España. El grupo gobernante en Costa Rica también manejó la creación de la diócesis como una forma de demostrar su avance en aspectos económicos, políticos, sociales y demográficos, que le posibilitó diferenciarse de las naciones vecinas.


Raquel Alfaro Martínez y José Aurelio Sandí Morales

Escuela de Historia

Universidad Nacional


***


Anexo: Cuadros enviados por Costa Rica para demostrar su crecimiento en educación (y a la vez económico) como su poder en la provincia de Guanacaste que le informaba sobre sus cofradías.


Cuadro # 1

“Conocimiento del Númº de Escuelas de primeras letras, virtud y urbanidad que actualmente existen en la República”

Provincias

Ciudades, Pueblos y Villas

Escuelas

San José

San José

22

Escasú

4

Pacaca

1

Curridabat

1

Aserrí

1

Cartago

Cartago

12

Paraiso

1

La Union

1

Cot

1

Quircot

1

Tobosi

1

Orosi

1

Tucurrique

1

Terraba

1

Boruca

1

Heredia

Heredia

9

Barba

1

Alajuela

Alajuela

12

Esparza

1

Puntarenas

1

Guanacaste

Guanacaste

1

Nicoya

1

Santa Cruz

1

Bagaces

1

Cañas

1

Total

 

79


“El anterior conocimiento manifiesta que el nº de Escuelas de 1eras letras que actualmente existen en la República es de setenta y nueve. El Ministro de Relaciones y Gobernación Joaquín Bernardo Calvo.”

Fuente: AA.EE.SS., Costa Rica, 1849-1850, Pos. 1-2, Fasc. 556, f. 38. Los nombres de los lugares están escritos según el original.

 

Cuadro # 2

Información sobre el valor de las cofradías de las parroquias existentes en Guanacaste

Pueblos

Especies

Valor en dinero (en pesos costarricenses $)

Guanacaste

En dinero al rédito

$ 300

Santa Cruz

En ganado

$ 700

Nicoya

En ganado y dinero

$ 3733.6

Bagaces

En dinero al rédito

$ 2868.6

Cañas

No indica

$ 0

Total

 

$ 7602.4

Fuente: AA.EE.SS., 1849-1851. Pos 2. Fasc 556, f. 120.



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