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Actos y discursos de la jerarquía católica residente en Costa Rica durante la celebración del I Centenario de la independencia: 1921

El primer punto que acá debe ser tratado es el refutar el argumento que circuló por años, en el cual se indicaba que la creación de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica se dio en 1921 como un tipo de homenaje que la Santa Sede dio al país en sus primeros 100 años de vida independiente. La aparición de la Provincia Eclesiástica en 1921 en el país no respondió a ello, sino a un trabajo desarrollado por la Internunciatura desde 1908, así como a los deseos del gobierno civil y hasta por la muerte repentina de Mons. Stork a finales de 1920. Sin embargo, lo anterior no elimina que en aquel año tan simbólico la jerarquía católica no celebrara dicho acontecimiento. Las fiestas civiles y religiosas se desarrollaron en todo el territorio nacional. Para darle un mayor realce al evento, el mismo poder civil le solicitó a la jerarquía católica que diera la orden a las parroquias y sus ciudadanos-feligreses, para celebrar también mediante actos religiosos el primer centenario.    Por ejemplo, en
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La participación, legitimación y respaldo de los sacerdotes católicos en las fiestas del 15 de setiembre entre 1824 hasta 1920

Como parte de los elementos heredados desde la colonia y que sobrepasaron al tránsito de la independencia, se encuentra la participación en conjunto de autoridades civiles y religiosas en eventos o fiestas a las cuales se les deseó dar un carácter tanto nacional como solemne. La celebración de la independencia fue una de ellas.  Por ejemplo, como bien ha indicado el historiador David Díaz, desde los primeros años que se celebró el 15 de septiembre como fecha de la independencia, el clero católico fue un actor de primer orden en los eventos realizados en torno a la celebración. Esto lo hacían tomando parte de los actos civiles, pero también ejecutando sus ritos como la eucaristía y el Te Deum . Ambos, como muestra de agradecimiento a Dios por los favores concedidos, pero también porque ambos ritos eran vistos como el aporte que la Iglesia en general daba al decoro y realce de la celebración. Esta visión fue compartida también por los mismos personeros del gobierno. Como muestra de ello,

Una diócesis propia para un país independiente (VIII). En busca de un obispo ante la Santa Sede y un amigo para el Estado: el nombramiento de Anselmo Llorente y Lafuente como un contrapeso.

Creada y delimitada la nueva diócesis para Costa Rica, los gobernantes del país se debieron enfrentar a un terreno ignoto, pues las relaciones con un obispo residente en el país era algo nuevo para ellos. Por ende, era fundamental que aquella persona fuera costarricense, el motivo de este anhelo era, de nueva cuenta, que dentro de Costa Rica gobernaran los costarricenses. Pero también -casi por razones obvias-, el elegido debía ser de la simpatía del clero, cumplir con las exigencias de Roma, pero, sobre todo, ser del agrado del Estado. El deseo de que el nuevo obispo de San José fuese costarricense radicó en un hecho fundamental, puesto que dentro del proceso de consolidación de la independencia y en la creación de un Estado se trató de interiorizar una identidad colectiva: la costarricense.  Es interesante que uno de los rasgos de idoneidad fuera que el obispo debía ser natural del país, pues el gobierno del presidente Juan Mora Porras no realizó en ningún momento un estudio de los p

Una diócesis propia para un país independiente (VII). Ratificación del Estado costarricense: el manejo de la diócesis por parte de la élite gobernante.

Una vez erigida la diócesis, el Estado de Costa Rica, pero más aún la élite gobernante del país manejó la sede catedralicia desde sus intereses, estrechamente ligados a factores económicos, políticos y sociales. En medio del proceso de consolidación de la independencia, así como en el de la construcción de Estado, los gobernantes de Costa Rica buscaron los medios para dejar clara su soberanía. La creación de la Diócesis fue la oportunidad perfecta, para demostrar -entre otros aspectos-, su crecimiento económico. En una información enviada por el Ministro Plenipotenciario en Europa, Felipe Molina, a la Santa Sede se evidenció este crecimiento, el cual, se debió a la producción de caña de azúcar, tabaco y, en particular, de café, que para la década de 1850, ya era exportado a los mercados estadounidense y europeo y era el principal producto que unía a Costa Rica con el mercado mundial. El envío de esta información fue una buena estrategia, pues Roma siempre buscó garantizar que el territ