Ir al contenido principal

A propósito de los 100 años de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica (V): Las ventajas de tener un enviado apostólico en estas tierras

En la entrega anterior se llegó hasta la inesperada muerte de Mons. Stork. La cual vino a cambiar toda la situación y los planes elaborados por Mons. Marenco, pues luego de conocer la noticia del deceso del Ordinario de San José el gobierno del país cambió de opinión en su apoyo irrestricto a la creación de la Provincia Eclesiástica, como se verá a continuación. 

En un documento titulado como “Confidencial”, Alejandro Alvarado Quirós, ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica, le escribió el 8 de enero de 1921 a Mons. Marenco para indicarle que, a causa de la muerte de Mons. Stork, en el gobierno civil  “ya no vemos la urgencia de ella [la división], y en este momento en que está abierta la sucesión del Obispado, sería hasta cierto punto contraproducente para la tranquilidad de los círculos católicos, aumentar con nuevas candidaturas la división entre el clero y dar incentivo a las ambiciones, que son humanas y explicables aun entre sacerdotes”. 

Aun, el mismo Alvarado Quirós proponía, sobre la creación de la Provincia Eclesiástica, que era mejor: “aplazarla para una época que fijaremos de común acuerdo”. La carta concluía indicando que el gobierno veía con buenos ojos que el sucesor de Mons. Stork fuese el “Canónigo Dr. Don Rafael Otón Castro Jiménez, cuyas dotes intelectuales, cuya seriedad de carácter y buenas relaciones con el actual Gobierno, son prendas de armonía futura entre el Estado y el Poder Eclesiástico, tan necesarias y deseables si se quiere el bien y la prosperidad de nuestra Patria”. 

Esta información le cambió el panorama a Marenco y le hizo pensar que todo su esfuerzo había sido en vano. Ante esta situación tanto el Internuncio como la Santa Sede realizaron un movimiento rápido para no perder el trabajo realizado y ejecutar lo que tenían proyectado. 


Mons. Giovanni Marenco (1853-1921).
Imagen tomada de la Wikipedia italiana


El 12 de enero de 1921, en una carta detallada, Mons. Marenco explicó la situación actual al Secretario de Estado de Benedicto XV, Mons. Pietro Gasparri. Le presentó varios puntos que se debían tener en cuenta para lograr la creación de la Provincia Eclesiástica. Primero, le mencionó que el nuevo sucesor de Stork, fue como obispo o arzobispo, debía ser costarricense de nacimiento, pues Thiel y Stork fueron alemanes y esto había generado cierto recelo en el clero nacional. Además, indicó que el mejor candidato era Rafael Otón Castro Jiménez, quien había sido propuesto para la diócesis de Alajuela.

Segundo, Marenco mencionó el caso de Mons. Monestel, a quien lo calificaba como deseoso de llegar a la sede de San José, pero con el problema de su carácter que lo hacía poco querido por el clero josefino, los fieles y el mismo gobierno. Tercero y último, Marenco le expresó a la Santa Sede que se hablara con el ministro Manuel María Peralta representante de Costa Rica ante la Santa Sede para ver cómo se solucionaba el problema de Monestel.

Ante esta situación y por el particular deseo del gobierno de retrasar la creación de la Provincia Eclesiástica, Roma le respondió el 30 de enero de 1921 a Marenco indicando que ya se había creado la provincia eclesiástica de Costa Rica. Esta quedaría conformada por la arquidiócesis de San José, la diócesis de Alajuela y el vicariato apostólico de Limón. 

El 24 de febrero de ese año, Roma le comunicó a Marenco que el 16 de febrero anterior el Santo Padre mediante la Bula “Praedecessorum Nostrorum”, ratificaba la creación de provincia eclesiástica de Costa Rica. El designado para el cargo de arzobispo sería Rafael Otón Castro y para la sede de Alajuela a Mons. Monestel. Por último, Gasparri indicó que esperaba que dichos nombramientos fueran aceptados por el gobierno costarricense. El 1° de marzo de 1921 Manuel María Peralta le comunicaba a la curia romana que el gobierno estaba de acuerdo y expresaba su gratitud ante la decisión expresada por el Santo Padre.

Esta forma tan abrupta de crear la provincia se dio sin duda alguna a causa de la muerte de Stork y claro está todo el trabajo realizado desde al Delegación Apostólica con sede en San José. La muerte de Mons. Stork en vez de detener el proceso lo aceleró y con ello la curia romana, como se dice popularmente, realizó un jaque mate. En primer lugar, creó la Provincia Eclesiástica, luego nombró a Castro Jiménez arzobispo y le dio sede episcopal a Monestel que se había convertido en una piedra en el zapato para la Internunciatura. Todo esto sin dar lugar a la más mínima objeción del gobierno civil.

Ante esto surgen varias dudas. Por ejemplo, ¿Por qué la Santa Sede si ya el concordato carecía de vigencia le permitió al gobierno civil inmiscuirse no solo en el nombramiento de los posibles candidatos, sino también en la división geográfica de la provincia eclesiástica? ¿Cuál era la premura de Roma por crear en Costa Rica una provincia eclesiástica? ¿Por qué los dos nuevos obispos tienen las “curiosas” coincidencias de ser costarricenses, haber residido en el Pío Latino y estudiantes de la Universidad Gregoriana en Roma? 

Hay dos hechos fundamentales que dan respuesta a las preguntas suscitadas, así como ser los que también dan las explicaciones propicias a todo lo expuesto en estas publicaciones. Estos hechos son: la diplomacia de la Santa Sede y el proceso de romanización tanto de los fieles como de los ministros ordenados en Costa Rica. Sin embargo, será en las próximas entregas donde se les darán respuesta a las preguntas suscitadas en torno a la diplomacia vaticana y el proceso de romanización en la creación de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica.


José Aurelio Sandí Morales

Universidad Nacional

Comentarios

Artículos más leídos durante el último mes

Los retratos de los obispos de Nicaragua y Costa Rica existentes en el Archivo Histórico Arquidiocesano de San José

El Archivo Histórico Arquidiocesano conserva en sus instalaciones una colección de 33 retratos de obispos de Nicaragua y Costa Rica , parcialmente expuesta en el segundo piso del edificio, colección de la que ya hemos hablado en anteriores notas de este blog. Es sabido que este conjunto de retratos fue realizado por el pintor nicaragüense Toribio Jerez por encargo de Monseñor Bernardo Augusto Thiel. Ahora nos proponemos exponer cual fue exactamente el origen de estas obras de arte y cómo llegaron hasta Costa Rica, apoyándonos en la abundante y expresiva correspondencia enviada y recibida por el obispo y conservada en Fondos Antiguos. Estas fuentes se encuentran principalmente en los dos libros copiadores de correspondencia enviada por Mons. Thiel entre los años 1886 y 1887 (FA-338-2, folios 135-136, 179, 246, 279, 471-474) y 1887 y 1888 (FA-338-3, folios 45, 64-66, 70-72, 114v, 135 y 259v) y en el volumen de correspondencia recibida por Thiel entre los años 1886 y 1889 (FA-348-1

Órdenes religiosas en Costa Rica

Por su utilidad e interés, ponemos a disposición de nuestros lectores dos recientes trabajos Óscar Lobo Oconitrillo, colaborador de éste blog, en los que traza una reseña de las distintas órdenes religiosas masculinas y femeninas que se han asentado en Costa Rica desde la erección de la Diócesis de San José en 1850 hasta la actualidad: Los religiosos en Costa Rica . Las religiosas en Costa Rica .

Bicentenario del nacimiento de Juan Rafael Mora Porras (1814-2014)

Este año se conmemoran los doscientos años del nacimiento del héroe nacional Juan Rafael Mora Porras. Con ese motivo, el Archivo Histórico Arquidiocesano ha querido contribuir a la celebración de tan importante bicentenario exhibiendo en su Sala de Consulta un reducido número de reproducciones de documentos aquí conservados alusivos a la persona de Juan Rafael Mora y a las relaciones Iglesia / Estado durante los años en que él fue Presidente de la República (1849-1859). Firma de Juan Rafael Mora en su expediente matrimonial La exposición se divide en 4 áreas temáticas: En la primera, se muestran documentos alusivos a su nacimiento y bautismo en San José el 8 de febrero de 1814 y a su matrimonio con Inés Aguilar el 7 de junio de 1847: Concretamente, la partida de bautismo, la portada y la primera página  del expediente matrimonial (ésta por desgracia es prácticamente ilegible por la debilidad de la tinta del documento original, excepto las firmas de los contrayen

La Iglesia de las Ánimas de San José (II)

2. Convento de frailes capuchinos: Efectivamente, en algún momento del año 1949, Mons. Sanabria debió de acordar con los Padres Capuchinos la cesión a estos del terrero donde se enterraron las víctimas de la epidemia del cólera de 1856. Así, sabemos que el 2 de enero de 1950 Mons. Sanabria escribe al P. Valenciano informándole del próximo establecimiento de los Padres Capuchinos en San José, “precisamente en el sitio que fue Cementerio del Cólera, en donde ellos además de fijar su residencia habrán de construir la Iglesia o Capilla de Ánimas que fue el objeto para el cual fue donado aquel terreno. Estoy seguro de que este informe habrá de ser de su pleno agrado, no solo porque ya se ve próxima una solución al problema de la construcción de la iglesia de las Ánimas, sino también porque aquel vecindario aprovechará no poco de los ministerios de los Padres” . Ese mismo día contesta el Padre Valenciano a Mons. Sanabria felicitándole por su decisión. El 14 de abril de 1950 desde Car

Parroquia San Juan Bautista, Tibás, San José

En este año la parroquia San Juan Bautista de Tibás está cumpliendo 150 años de fundación de la parroquia , hecho acaecido el 2 de enero de 1865 y por la tanto un motivo de alegría, regocijo y que nutre y vigoriza la sociabilidad , las estructuras comunales y su identidad,  antes  pueblerina y hoy pujante cantón alrededor de su templo parroquial. La población del Murciélago se encuentra ubicado en actual distrito San Juan, cantón de Tibás. Tuvo su primera ermita en 1837 , previa solicitud y financiamiento de vecinos del lugar (Campos Ramírez, 2014, P.128). Desde esa fecha se estableció la Ayuda de Parroquia que abarcaba las poblaciones de Uruca, San Vicente y San Isidro, entre otras (Campos Ramírez, 2014, P.133). En 1852, los vecinos de San Juan del Murciélago solicitaron la creacción de la parroquia, sin embargo, esa petición fue denegada. Finalmente, mediante un movimiento de las fuerzas vivas de ese lugar, firmas de vecinos y estudio de las autoridades eclesiásticas, el obi